Compartir caminatas por un escenario agreste, virgen, único, con unos amigos que lo disfrutan a tope. CORRUBEDO: 101 motivos.

Curro, Dana, Lázaro y Laia, son unos enrollados. Algunos domingos después de comer en familia, siempre que pueden, se organizan para sacar a pasear a sus amigas de dos patas. Ellas llevan las correas, y les dejan que se las pongan al principio, cuando todavía caminan por las calles del pueblo y con los niños y las bicicletas, y otros colegas por ahí sueltos, parece que se sienten más tranquilas. Y no ha problema en dejar que piensen que llevan ellas el mando, al menos por un rato.

Pero cuando llegamos a la parte agreste del recorrido, cuando el camino ya es solo un camino de pescadores, no apto para vehículos de ningún tipo, y por donde ya solo se te puedes encontrar a los aventureros más atrevidos, a los amantes de lo agreste, de lo salvaje, de lo "Wild Atlantic"... Sí, por aquí ya asumen el mando los cuatro mosqueperros y marcan el ritmo entre "toxeiras" y rocas hasta el Faro de Corrubedo. La luz de agosto se refleja en el Atlántico en calma, calma veraniega... Pronto volveremos con viento, lluvia y rugido de olas batiendo ahí al lado contra esos pedruscos tan duros...

Curro lleva los galones. Es el jefe. Dana es la mimosa, consigue arrancar caricias donde y cuando quiere, y de quien quiera... Lázaro va un poco por libre, ¡que no le metan en muchos jaleos! ¡Tranquis, ok! Pero no, de tranquis nada; para los jaleos, que siempre hay jaleo, ahí está Laia, alias la "lianta" (cuando no otros alias mucho más mal sonantes e impropios). Su tarde de domingo por Corrubedo, entre el "Campo da Agra" y el "Faro" es lo que da sentido a toda la faena de la semana: ¡aguantar a estas dos en casa tiene su tomate! Siempre gritando, que si ven aquí, que si siéntate allí, que si no rompas esas zapatillas, que si no muerdas esos muebles, que si no ladres ahora que molestas... ¡¿Cuándo vamos a ladrar, cuando tú nos digas?!